‘Ciencia: la frontera sin fin’, un informe que hizo historia

A punto de acabar la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1944, el entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, se dio cuenta de que durante los años previos tuvieron lugar importantes proyectos científicos y tecnológicos derivados de las necesidades expresadas por los ejércitos, y orientados y fuertemente financiados por los presupuestos de los departamentos de Defensa de algunos países, especialmente por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Vannevar Bush

Vannevar Bush

Por este motivo, encargó un informe al director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de Estados Unidos, el científico Vannevar Bush, en el que le planteaba cuatro puntos específicos a los que debía responder:

1. ¿Qué puede hacerse de manera coherente con la seguridad militar y con la aprobación previa de las autoridades militares para hacer conocer al mundo lo más pronto posible las contribuciones que durante nuestro esfuerzo bélico hicimos al conocimiento científico?

2. Con especial referencia a la guerra de la ciencia contra la enfermedad, ¿qué puede hacerse hoy para organizar un programa a fin de proseguir en el futuro los trabajos realizados en medicina y ciencias relacionadas?

3. ¿Qué puede hacer el Gobierno hoy y en el futuro para apoyar las actividades de investigación encargadas por organizaciones públicas y privadas?

4. ¿Puede proponerse un programa eficaz para descubrir y desarrollar el talento científico de la juventud norteamericana, de modo que sea posible asegurar la continuidad futura de la investigación científica en este país, en un nivel comparable al alcanzado durante la guerra?

Vannevar Bush elaboró un informe en 1945, ‘Ciencia: la frontera sin fin’, cuya tesis central era la siguiente: “El progreso científico es una clave esencial de nuestra seguridad como nación, para mejorar nuestra salud, tener puestos de trabajo de mayor calidad, elevar el nivel de vida y progresar culturalmente. Otra idea importante y novedosa era la de afirmar que “la ciencia sólo puede ser eficaz para el bienestar social como integrante de un equipo, ya sea en condiciones de paz o guerra”.

El científico estadounidense también proponía que el Gobierno debía ser “el principal agente tecno-científico del país, ampliando así a todos los sectores lo que en los años previos había sido el papel del Ministerio de Defensa”, y que la investigación y el desarrollo debían fomentarse tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz.

Para saber más sobre la fuerte relación entre el desarrollo de la tecnología y las ‘artes militares’, lee en nuestra Wiki ‘La necesidad, el deseo y el sueño en la creación técnica’ y en el Cuaderno nº 1 de la Cátedra Isdefe-UPM titulado ‘Relaciones entre las innovaciones tecnológicas y la Defensa’.

Un Comentario

  1. Yolanda
    Publicado el 21 de enero de 2012 a las 15:24 | Enlace permanente

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